Día del Padre: El desafío silencioso de dormir menos durante la crianza temprana
Día del Padre: el desafío silencioso de dormir menos durante la crianza temprana
Día del Padre: el desafío silencioso de dormir menos durante la crianza temprana
- De cara al Día del Padre, que se celebra el 21 de junio, especialistas en sueño advierten sobre un fenómeno que afecta a la mayoría de los padres y madres durante el primer año de vida de un hijo: la privación de sueño sostenida.
- La falta de descanso prolongado no es solo cansancio pasajero, sino un factor que incide en la salud física, el ánimo y la capacidad de cuidado de quienes recién forman una familia, y que rara vez se aborda como un problema de salud pública.
Cada Día del Padre, la conversación suele centrarse en regalos o actividades familiares, pero hay un fenómeno que atraviesa a la gran mayoría de los hogares con un recién nacido y que pocas veces se nombra: la privación de sueño. Durante los primeros meses de vida de un hijo, tanto padres como madres experimentan una reorganización completa de sus hábitos de descanso, con consecuencias que van más allá del cansancio cotidiano.
Los recién nacidos duermen entre 14 y 17 horas en cada período de 24 horas, despertándose cada pocas horas para alimentarse, lo que obliga a quienes los cuidan a fragmentar su propio sueño en bloques cortos e interrumpidos durante meses. Para tener una buena calidad de sueño se deben tener menos de 20 minutos de vigilia nocturna, algo que en los padres primerizos suele ser justamente el factor que más interrumpe el ciclo de sueño y reduce su calidad.
La mayoría de los adultos necesitan entre siete y nueve horas de sueño cada noche, y cuando se duerme menos de forma sostenida se acumula una deuda de sueño que, de mantenerse en el tiempo, puede afectar la salud. Considerando que en Chile nacen más de 180 mil niños al año, la privación de sueño asociada a la crianza temprana es un fenómeno que, sumado, alcanza a cientos de miles de personas de forma simultánea cada año, aunque se vive en silencio y de manera individual.
"Cuando el sueño se interrumpe de forma sostenida durante meses, el cuerpo no logra completar las fases de sueño profundo, que son las que permiten la recuperación física y la regulación emocional. Por eso muchos padres y madres sienten irritabilidad o cansancio que no se explican solo por las horas dormidas, sino por la calidad de ese sueño fragmentado. Como ocurre de forma gradual, suele interpretarse como algo normal y no como un desgaste real", señaló Regina Basulto, especialista en productos del sueño de Emma Colchones.
Por qué este desgaste suele pasar desapercibido
A diferencia de otros problemas de salud, la privación de sueño en la crianza temprana no tiene un diagnóstico ni una fecha de término definida, lo que dificulta que se le preste la atención que merece. Durante los primeros meses, e incluso durante el primer año, dormir mal puede convertirse en parte habitual de la rutina familiar, y al normalizarse, rara vez se buscan estrategias activas para mitigarlo.
Sin embargo, el trabajo en equipo resulta fundamental, establecer turnos con la pareja para repartir la atención nocturna del recién nacido permite que, en cada turno, quien no está de guardia pueda aprovechar ese tiempo para dormir de forma efectiva. La siesta también es una herramienta efectiva para reducir la deuda de sueño acumulada, ya que ayuda a conciliar el sueño más rápido y a dormir de forma más profunda.
"Cuando las horas de sueño son pocas, lo importante es que cada bloque de descanso cuente al máximo. Si conciliar el sueño toma mucho tiempo o el descanso es superficial, esos 20 o 40 minutos entre una toma y otra rinden muy poco. Mantener rutinas simples antes de dormir y asegurar un entorno de descanso adecuado son factores que marcan una diferencia real en esta etapa", concluyó Basulto.
